Etología: El Camino del Olfato

Un perro puede oler una cucharadita de azúcar diluida en dos piscinas olímpicas. Olfato envidiable cuyo camino hasta el cerebro y su importancia en el comportamiento animal, comenzamos a conocer gracias a la Dra. Alicia Plaza, Círculo SMA, Médico Veterinaria, Gerenta de SAVE Products. En esta Edición el viaje de las Trazas Químicas.

Los olores son parte importante de nuestras vidas y sin ser el sentido que más ocupamos, lo cierto es que creamos lazos, recordamos de manera especial con tan sólo sentir un olor. Entonces, imagina lo que le ocurre a un perro o gato que huelen entre 400 y 100 veces más, respectivamente, que nosotros.

Sin duda un canal de transmisión de información, y la comunicación es un área de gran importancia en el estudio del comportamiento animal. Para desarrollarla los animales emplean distintos sistemas sensoriales: táctil, químico, visual, eléctrico y acústico (Bradbury y Vehrencamp, 1998). La comunicación es un requisito imprescindible para el buen funcionamiento de un organismo, en el que todos los órganos han de funcionar en colaboración como un todo.

Así, claramente, podemos decir que los animales olisquean para investigar el mundo. El olfato es un sistema sensorial químico y, para ocupar este sentido, los mamíferos contamos con estructuras especícas para que las partículas que están en el aire ingresen al cuerpo y generen un estímulo que provoque una respuesta.

El aire está cargado de moléculas que, para ingresar al organismo de perros y gatos y ser procesada su información, toman dos caminos según su forma: las Trazas químicas, muy volátiles, que ingresan por la nariz de perros y gatos; y las Feromonas,  no volátiles, las que luego de ingresar a la nariz pasan a través de un órgano especial llamado Vomeronasal (OVN) o de Jacobson, que podría explicar el agudo olfato de estos animales.

El Camino del Olfato

En esta Edición haremos el viaje de las Trazas Químicas imaginando somos una molécula que entra por la nariz de un perro. Ya aspirados, quedaremos en la Mucosa Olfatoria que puede llegar a medir desde 75 hasta 150 cm2; en el caso de los gatos, hasta 20 cm2; y en humanos, de 5 a 10 cm2.

Entonces llegaremos al Tejido Nasal y navegaremos por ese epitelio, junto con otras moléculas, hasta que encontremos un receptor adecuado para nosotros que, con la ayuda de pelos minúsculos, que más parecen un ejército, nos atraparán. Los humanos poseemos unos 6 millones de esos receptores; el perro, como los sabuesos, más de 300 millones. Al unirnos a ellos, seguiremos nuestro viaje junto al de otros receptores para la misma molécula, como un impulso nervioso hasta el cerebro (encéfalo) que es parte del SNC.

El olfato es la vía más rápida y directa para que el cerebro reciba información, puesto que no pasa por un centro de operaciones llamado Tálamo, sino que va directo por el Bulbo Olfatorio, que en el perro constituye alrededor de 1/8 de la masa total del cerebro.

Ahora miremos a nuestras Mascotas y observemos como se mueven las alas de su nariz, están captando señales. Entonces, seguro la próxima vez que salgas a pasear, lo regalonearás con más tiempo para olfatear todo a su alrededor, pues ya tenemos más claro que una información, para nosotros imperceptible, está ahí y les permite mirar el mundo.

Dra. Alicia Plaza
Círculo SMA / Médico Veterinaria
Diplomada en Etología
Clínica y Bienestar Animal
Gerenta SAVE Products
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Los Hilanderos 8797, La Reina, Santiago